Wednesday, February 02, 2011

Testigos de la revolución 2.0.

 Por: Richard Ceballos

Permitidme que diga, aun a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario se guía por grandes sentimientos de amor.
Ernesto “Che” Guevara.

La humanidad se aviva ante la lucha por la libertad. Los colores de banderas ondulantes reclaman de una vez por todas, una oportunidad para concebir un nuevo comienzo. No se  puede negar que es necesidad del hombre, a cierto punto de su vida individual y social, reconstruirlo todo, levantar nuevos cimientos después de la tormenta. Por esto se hace necesario que la sangre derramada de aquellos que creyeron en su propia transformación y la convirtieron en un heraldo de la sociedad que soñaron, sea la esencia que ayude a la edificación de las bases de la nueva era.

No son los mártires quienes construyen la “nueva revolución”. Son sus ideas manifiestas en los brazos de quienes están dispuestos a creer en su sacrificio, los que modifican la tonada, los que impulsan ese aire creador que exalta a la raza humana.

La información ha adquirido un valor comercial directamente proporcional al impacto que causa en las mentes de la sociedad. De tal fenómeno se deriva una suerte de desconcierto individual que se produce en una época donde es difícil estar a la par con un flujo tan avasallante de datos: teorías, conjeturas, leyes y verdades a medias son parte del intrincado tejido que nos enlaza en una conciencia digital en ascenso que pretende liberarse de estructuras macroeconómicas que condicionan su tránsito espontaneo.

A pesar pues de este sentido mercantilista que posee la información, la potencia del pensamiento organizado y difundido, le ha dado una nueva perspectiva a la forma como estamos interconectados con la sociedad.
Hoy en Egipto, se gesta una revolución social, constituida, respaldada y difundida por las redes sociales Facebook y Twitter en un país donde el internet está vetado por un gobierno dictatorial que trata de tapar el sol con un dedo al poner un sesgo a todos los medios de comunicación para encubrir la verdadera dimensión del fenómeno que se vive en las calles del Cairo.

Son los medios de comunicación, inspirados por la voluntad colectiva de creación de un nuevo sistema de revolución, quienes nos han convertido en testigos directos de la revolución 2.0. Una revolución creada en esa realidad alterna a la que llamamos internet y que cobra protagonismo cuando se entiende que dichas movilizaciones masivas no son producto del azar: estas son el resultado de la conciencia colectiva que harta del abuso y la proliferación de las ataduras, se subleva contra un régimen que durante 30 años aseguró la pobreza y represión de millones de personas. Quizá ahora, los sueños de revolución que se disolvían en un sistema de oferta y demanda excluyente, vuelven a tener oxigeno en un momento mundial donde la esperanza de ver cambios significativos e inmediatos se percibe latente.

Estamos invitados a ser parte de dicha revolución. A manifestar el pensamiento dentro de la realidad que hemos creado para impulsar primero nuestra propia revolución. Una transformación que nos invita a la autocritica, a ser participes y forjadores del futuro que queremos y a no seguir en el silencioso aislamiento que parece tan cómodo y tranquilo.

No se necesita destruir a nadie. Las ideas mismas deben tener la fuerza suficiente para hacerse paso en las mentes por su carácter argumentativo, por su poder de persuasión. Es complicado modificar todo un sistema de pensamiento, de ideas y creencias cuando vivimos ignorando nuestra realidad interior. En Egipto, la realidad interior de muchos es el hambre, las ideas represadas, las muertes disfrazadas producto del “control gubernamental”. En aras de comprender y difundir tal pensamiento creativo dentro de la crisis, se hace indispensable creer en el espíritu libre y tolerante, dándole viva voz a esa revolución que día a día se gesta en cada uno de nosotros y que hoy puede ser compartida en tiempo real con el mundo a través de las nuevas plataformas de expresión que nos aseguran la inmediatez y proliferación de nuestras experiencias individuales y colectivas.
Dominic Nahr / Magnum for TIME

Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría.
-Julio Cortazar-

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