Friday, March 04, 2011

Retrospectiva.


                                                     Retrospectiva.

Mary Ann despertó esa fría mañana de noviembre, sintiendo un fuerte dolor de cabeza. Había tenido un sueño en el cual corría por un largo túnel que se hacia más angosto con cada paso que daba; a gran distancia de donde se encontraba, una figura humana le llamaba por su nombre: “Mary Ann, Mary Ann” decía la fuerte voz que retumbaba en las paredes de aquel oscuro y en cierto modo, tétrico lugar. Mary Ann corría con toda su fuerza ya que la ansiedad de descubrir  quien era la misteriosa figura que se le hacía tan familiar, le producía un fuerte ardor en su pecho y una intranquilidad insondable. Cuando corría, las paredes la oprimían. Y siempre que estaba cerca de alcanzar  la meta, despertaba súbitamente con ese fuerte dolor de cabeza que la asediaba desde el día de aquel ya olvidado incidente  que casi cobró su vida.

De estatura mediana, ojos color oliva, tez blanca y cabello rojizo, Mary Ann se sentía como una persona sin ningún atractivo físico. Sin percatarse de su gran figura y cálido rostro, se avergonzaba de  aquella pequeña cicatriz en su frente que llamaba la atención dándole un tono pelicular a su rostro, como de niña ingenua, pero que no le quitaba una pizca de armonía a sus finas facciones. Se dirigió al baño aún adormecida mientras se presionaba la sien con su dedo índice, tratando de lidiar con el dolor punzante que la asediaba inclemente. Abrió la gaveta y busco el tarro naranja con las píldoras de color azul y blanco e ingirió 2 de ellas pasándolas con un vaso con agua que tomó del  grifo, se miro al espejo y pudo notar claramente el par de ojeras que había dejado de recuerdo una noche de poco sueño.

Tomó un rápida ducha; ya el dolor se había desvanecido casi por completo, pero Mary Ann aun se sentía indispuesta y con algo de nauseas.
Salió del baño y fue directo a su guardarropa, tomo aquel vestido rojo que hacia ya mucho tiempo no se ponía, los zapatos de tacón, unas medias veladas y su ropa interior favorita: un liguero blanco de encaje con contornos de flores bordados en fina seda. En su nochero. Al lado de una gran cantidad de objetos en los que había un lápiz labial, un lapicero y algunas píldoras de varios colores, estaba su reloj de oro con diamantes y esmeraldas incrustadas en el enchape de oro. Objeto muy preciado para ella, ya que le recordaba una época muy feliz de su vida de niña al lado de su padre, quien solía cargarla todas las mañanas mientras desayunaban juntos en la mesa.

Se puso el reloj y vio que eran las 10:30 AM. Seguro que la señora Curtis había llegado desde hace mucho rato. La señora Curtis era el ama de llaves de Mary Ann desde hacia muchos años. Su rostro era arrugado y sus manos regordetas pero con dedos largos, su estatura era mediana.  Su forma algo parsimoniosa de moverse y su gran talento en la cocina, hacían de la señora Curtis un personaje agradable. Su calidad palabras y su actitud maternal, la convertían en una persona con la cual se podría mantener una cálida y cómoda conversación. La amabilidad y cariño con los cuales había tratado a Mary Ann, hacían que ésta última se sintiera bien y tomara a su querida ama de llaves  como alguien indispensable en su vida.

Mary Ann bajó las escaleras y un agradable olor a pan tostado la recibió inmediatamente. “Mary Ann, Mary Ann, ¿eres tu cariño? Te he preparado el desayuno, debes estar hambrienta ya que te fuiste temprano a la cama y no cenaste; tengo pan tostado huevos con jamón y algo de café. ¡Por Dios cariño que cara traes!  ¿No dormiste bien anoche? Siéntate te serviré una taza de café bien caliente”.
Mary Ann tomó el desayuno mientras escuchaba en la radio que el clima estaría nublado todo el día con posibilidad de lluvia en la noche, así que pensó en llevar su abrigo; de todas maneras era domingo y por lo general no tenia mucho que hacer, así que daría una vuelta por ahí, compraría algo y volvería a casa antes de que cayera la noche, para así evitar que la lluvia la atrapase en su camino de vuelta.

Agradeció a la señora Curtis el desayuno y le comento sus planes para el día, diciéndole, además,  que estaría de vuelta alrededor de las 6 o 6:30 PM. Tomó su abrigo, las llaves, su cartera y abrió la puerta, antes de salir miró hacia atrás y su mirada se perdió por un momento en la chimenea, después de unos segundos de observar fijamente, cerró la puerta y se marchó de su casa mientras se ponía su abrigo.

Había caminado un largo trayecto y pudo sentir claramente el frió viento de la mañana. Levantó su cabeza  al cielo y no pudo ver el sol, solo grandes acumulaciones de nubarrones negros que de cierta manera la hicieron estremecer.
Al llegar a la parada del bus, pudo ver algunas personas, varias de ellas fuertemente abrigadas. Dos pequeños niños estaban cerca de su madre y apenas se podían distinguir sus rostros debido a las grandes bufandas enrolladas alrededor de sus cuellos y caras.
Se subió al bus y se sentó en la parte trasera como era su costumbre; al llegar a la siguiente parada, un hombre de cabello largo, nariz respingada, bastante alto y fornido, de ojos azul claro como el mar en el horizonte, se subió al bus. Por un momento a ella le pareció que el hombre la miró, así que trato de evadir esa cálida mirada intentando ver más allá del empañado vidrio de su ventanilla. De repente sintió que alguien se sentó a su lado. Sabía que era aquel hombre pero no se atrevía a mirarlo.  De repente, una cálida voz exclamó, “ ¿Podría darme la hora?” Mary Ann giró sorprendida, al verlo se sintió un poco intimidada, así que dirigió rápidamente su mirada hacia su reloj, y muy suavemente dijo: “Es Mediodía” “Gracias” dijo el hombre y agregó: “bonito reloj, mi esposa solía tener uno parecido, mi nombre es Tom y ¿Tu eres…?” ella se sintió algo incomoda pero no tardo en responder: “ Mary Ann....” , “un placer conocerte Mary Ann; feo clima el de hoy, solo espero que no vaya a llover, me dirijo al centro comercial para comprar algunos regalos y no me gustaría que la lluvia me alcanzase antes de llegar a casa”.
Mary Ann permanecía en silencio. Pero a pesar de su actitud tan abierta, en cierta forma le agradaba Tom, así que le dijo: “Yo también voy de compras, quizá podríamos ir juntos y tomarnos un café” Tom sonrió y asintió con la cabeza.

Durante el viaje, hablaron de cocina, viajes, niños entre otros temas. Cuando llegaron al centro comercial, ya  Mary Ann había perdido su timidez y reía con las bromas de Tom, había cambiado su actitud con él y ahora le parecía un tipo agradable, con buen sentido del humor y bastante inteligente.
Caminaron un buen rato, Mary Ann, en realidad no sabia que comprar, así que solo se limitaba a observar en las vitrinas, Tom por su parte entró a una juguetería y compro algunos pequeños autos. Mary Ann no se sorprendió y ni siquiera se pregunto para quien serian aquellos juguetes.

Al pasar por la vitrina de la joyería, ambos parecieron ver un hermoso anillo de compromiso que tenia  esmeraldas incrustadas alrededor de un fino diamante, Mary Ann observo a Tom y pudo percibir una mirada de tristeza hacia aquel anillo. Pero simplemente permaneció en silencio y se alejó tomando a Tom del brazo para dirigirse al café que había en frente, se sentaron y ordenaron dos tasas de espumoso café.

Mary Ann se despojó del abrigo dejando ver su vestido rojo, Tom la miraba en silencio a lo que ella sonrió y pregunto: “¿Qué pasa?” Tom respondió después de tomar un poco de café: “ Nada, es sólo que tu vestido me hace recordar a alguien de mi pasado, alguien....bueno, bastante preciado para mí...”, después mirándola fijamente Tom preguntó: “Mary Ann tienes a alguien especial en tu vida? Mary Ann de pronto se tornó seria y mirando hacía la mesa respondió pausadamente: “En este momento no... tuve a alguien muy valioso para mi, pero ya no esta mas conmigo...hace algunos años viajábamos en auto, yo tenia dos meses de embarazo y éramos  muy felices; hacia frió y empezó a llover, en una curva, un camión perdió los frenos y resbaló. Al perder, el control empujó nuestro auto hacia el vacío...” de repente una lagrima recorrió el rostro de Mary Ann, se limpió rápidamente su rostro y levantándose de golpe, dijo: “Debo irme se hace tarde y odio cuando llueve...” Tom pagó la cuenta y la siguió. Durante el recorrido del bus, no hablaron una sola palabra.

Al llegar a la casa de Mary Ann, ella dijo: “ Tom, aquí es donde vivo, gracias por todo”, Tom con voz suave respondió: “ Mary Ann..., lo siento si te hice pensar en cosas que no querías recordar, yo perdí a alguien también, pero en una forma diferente, así que comprendo tu dolor pero es hora de que lo dejes ir, cada minuto es una nueva experiencia, y por eso es que debes encontrar la manera de salir de ello...” después la beso en los labios y se alejo por la calle Mary Ann permaneció en silencio, giró para abrir la puerta y al mirar hacia el final de la calle se dio cuenta que Tom ya había desaparecido.

Entró a casa y encontró una nota de la señora Curtis: “Te dejo un estofado en la cocina, ¡come chica o si no te enfermarás! Señora Curtis”. Se sirvió un poco de aquel estofado y al terminar, tomo una copa de vino y se sentó frente a la chimenea, después de observar el fuego por unos minutos su mirada volvió al mismo punto en el cual se había fijado unas horas antes, el retrato sobre la chimenea; se levanto y lo tomó, una feliz y sonriente pareja se podía ver en el, un hombre de cabello largo, nariz respingada, bastante alto y fornido, de ojos azul claro como el mar en el horizonte, la abrazaba cariñosamente, los recuerdos del accidente retornaron a ella en una sucesión infinita de imágenes, el fuerte resplandor, las llantas en el asfalto, vidrios quebrados, el dolor y de repente una profunda oscuridad y el silencio. Solo después, al final del túnel, “Mary Ann, Mary Ann” una voz, sola y eterna que la incitaba a vivir. ”Mary Ann, Mary Ann” una vez mas silencio...
El terrible dolor de cabeza volvía a ella más fuerte que nunca. La cicatriz en su frente ardía como si se hubiera vuelto a abrir, y los recuerdos...rampantes y dolorosos, su esposo si, el mismo.Tom.. Tom...si, el mismo que había conocido en aquel bus, aquel que le había invitado a un taza de café espumoso...Tom... todos los días, lo veía en el bus, tomaban café juntos, el reloj de diamantes y esmeraldas, con la inscripción “ Tom y Mary Ann, por siempre” las lagrimas en los ojos de Mary Ann, la hacían sentir viva otra vez, observaba el reloj y pensaba en el, Tom, su preciado Tom, la única forma de verlo era recreando ese feliz momento cuando lo conoció, recrear una y otra vez, la taza de café, las miradas encontradas, tiempo, recuerdos, retrospectiva...
Al final del túnel, silencio, para siempre silencio, por siempre Tom y MaryAnn.

El tunel. Diego Manuel.

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